EL SAGRADO ARTE DE REPARAR LAS HERIDAS 3: Meditar

¿Qué necesitamos hacer para reparar nuestras heridas emocionales? Para mí la respuesta es aprender a mirarnos al interior, y ese es uno de los significados de meditar, solos o acompañados, permitiéndonos escuchar lo que nuestro inconsciente tiene para revelarnos y abriendo la puerta del autoconocimiento y la autogestión de las emociones.

En mi propio camino, en mi meditación, en el estudio de lo que otras personas aportan para sanar el trauma, he descubierto esas cualidades que nos ayudan también y que comparto en este tercer texto de la serie «El sagrado arte de reparar las heridas», deseando que sirva de inspiración para muchas personas a iniciar su propio proceso.

Como las ostras que cubren a los granos intrusos en su interior con capas de nácar para convertirlos en hermosas perlas, la consciencia nos proporciona la capacidad de transformar lo difícil en algo bello cuando lo vamos recubriendo de lecciones para la vida. Transformación es la lección que nos aporta este magnífico molusco, y solamente la voluntad nos puede ayudar para dejar de sufrir por «las piedras» en nuestro camino y movernos para convertirlas en algo precioso. Adaptación es una de las lecciones subyacentes, una que sin duda nos hace desarrollar además la empatía, la tolerancia, la paciencia y la capacidad de movernos por cualquier lugar y circunstancia que la vida tenga preparada como lección para nuestra existencia.

Nos dicen las personas expertas en trauma que una de las claves para no congelarse y poder superar lo difícil radica en el movimiento, en buscar la forma en que la energía generada por las emociones intensas del evento tenga una vía de expresión que les permita salir y no quedarse guardadas en zonas profundas, y que cuando movilizamos esta energía en términos de acción, somos capaces de usarla inteligente y creativamente para superar lo que nos sucede. 

Creatividad es esa capacidad de los seres humanos que nos permite encontrar soluciones, aprender y descubrir caminos allí donde otros pueden ver muros, y que se relaciona a nivel cerebral con la plasticidad neuronal que permite establecer nuevas vías cuando hay daños que alteran los tejidos. 

Creatividad es también descubrir la lección inherente a lo que nos sucede, y especialmente atrevernos a tomar caminos desconocidos necesarios para que el movimiento continúe, aunque no sepamos exactamente a dónde nos conducen, porque mantenemos una estrecha y voluntaria relación con eso que algunos llaman intuición y otros alma y que sí sabe a dónde nos lleva.

Altruismo es usar nuestra gran imaginación para ponernos en el lugar de otras personas desarrollando la empatía, y dando lo mejor que tenemos para ayudar, servir, aportar a su sanación, comprendiendo que vamos todos juntos en esta “nave” que llamamos planeta tierra y que, partiendo desde nuestra familia y extendiéndonos a todos los sistemas de los que formamos parte, estamos unidos por hilos invisibles que conforman el tejido social mediante el cual podemos vivir y evolucionar, o seguir enfermando si sólo pensamos de manera egoísta en nuestra supervivencia y nuestro bienestar.

Desde mi visión cargada de historia familiar, de aprendizajes pendientes, y con la mejor voluntad de compartir lo que me sirve, aporto mis descubrimientos en este caminar por los bosques de la vida, y me encantaría leer los que cada una de mis lectoras y lectores tengan para añadir a esta historia que podemos construir juntos en comunidad.

La sanación no es una terapia, no es una persona, no es una varita mágica que te ponen y tú te curas. Es un viaje al interior de uno mismo para encontrar respuestas, descubrir formas de curarnos y abrirnos a la posibilidad de una transformación.

El mito de Quirón nos muestra cómo cada uno de nosotros puede afrontar retos, heridas, traumas y a partir de ello desarrollar habilidades que ayuden a otros, y en mi propio camino han sido las caídas y los obstáculos que parecen insalvables los que me han llevado a bucear al interior en la búsqueda de respuestas. Hoy les comparto algunos de los tesoros descubiertos en el camino.

Ofrendas de peregrinos en St. Nectan´s Glenn, Inglaterra

Claves que he encontrado para sanar:

  • Las heridas emocionales difícilmente se curan solas, y dejarlas a merced del tiempo puede hacer que se conviertan en focos de dolor enmascarado que tarde o temprano salen a la luz. El tiempo solo nos permite la distancia suficiente para prepararnos y afrontar lo difícil, y dar ese paso donde tomamos las riendas de nuestra vida, buscamos información o ayuda, y empezamos el camino de sanación, puede significar la diferencia entre la repetición del dolor o la verdadera sanación.
  • Los traumas y las heridas emocionales son diferentes para cada persona, su profundidad y efectos dependen de muchos factores entre ellos la edad en que sucedieron, y es por ello que sólo aumentando el conocimiento de nosotros mismos podremos ser más efectivos en el momento de asumirlas para sanar.
  • Tener la voluntad para sanar es crucial, eso nos permite movernos del lugar de víctimas para encontrar soluciones; el primer paso, es ese donde reconocemos que necesitamos sanar, y renunciamos a los aparentes beneficios que permanecer en el dolor nos trae para la vida.
  • Desarrollar la capacidad de observar, comprendiendo que desde el más elemental de los “maestros” de la naturaleza tiene estrategias para enseñarnos a reparar, sanar y seguir adelante con la vida.
  • Aprender del reino vegetal a doblarnos, profundizar nuestras raíces, buscar la luz y el agua que nos permita alimentarnos, y adaptarnos al terreno y a las circunstancias hasta que podamos movernos a un mejor lugar. Es también inclinarnos ante nuestro sistema familiar y ante las circunstancias que vivieron todas esas mujeres y hombres que conforman nuestro pasado sistémico tomando su luz y aprendiendo de su oscuridad.
  • Hacer la paz, las paces, con todos y cada uno de los estadios de nuestra conciencia representados por la infinita línea de nuestros antepasados, comprendiendo que tanto ellos como nosotros hemos hecho lo que hemos podido y abriéndonos a la posibilidad de recibir nueva información para poder vivir de manera más consciente, amorosa y sabia, contribuyendo a que nuestros propios sistemas tengan la opción de encontrar nuevos caminos.
  • Crear puentes sobre nuestras heridas que puedan unir las posiciones enfrentadas, opuestas, creando un nuevo tejido más luminoso donde nos demos cuenta de lo que tenemos en común y aceptemos que las diferencias nos enriquecen.
  • Cuando la fuerza de la vida “rompa” en pedacitos nuestro ego anquilosado, permitamos que la adaptabilidad y la creatividad den origen a una persona nueva, cuyas partes estén entretejidas con hilos de colores que representen esa diversidad de la naturaleza.
  • Reparar con consciencia es iluminar nuestras grietas, sanar las heridas de manera que sean terreno para nuevos aprendizajes y el proceso revele en nosotros el amor y sabiduría inherentes a todo lo que nos ocurre.
  • Dar la bienvenida a la presión que nos transforma al interior y nos invita a ir más allá de las apariencias, es una manera de transformar lo difícil revelando la verdadera belleza de un ser en permanente evolución.
  • El trauma muchas veces nos hace crear un velo alrededor nuestro, que en principio nos aísla del causante del dolor, nos da una falsa sensación de seguridad, pero puede como cualquier burbuja hacer que “el oxígeno” se agote al interior y convierte nuestros “tejidos emocionales” en tóxicos. La luz de la consciencia nos permite ir convirtiendo esos velos en transparentes, nos da la oportunidad de abrir ventanas y puertas para finalmente dar el paso que nos permita movernos en el camino para encontrar salidas a los laberintos emocionales que la personalidad no nos permite ver. Es imprescindible abrir la puerta para que los aprendizajes y la observación-meditación nos aporten lo necesario para transformarnos
  •  Dar el paso de víctima a aprendiz puede ser la llave que mágicamente nos abre el camino a una nueva visión del mundo, una en la cual integramos cada uno de los reinos para ascender y crear ese puente de luz con el alma donde el verdadero Ser se hace posible.
  • Regenerar a nivel emocional significa encontrar esa inagotable fuente de amor al interior que nos permite crear estructuras nuevas, cambiar los patrones emocionales y mentales obsoletos y acercarnos al alma para escuchar las lecciones de sabiduría que nos susurra detrás de las situaciones difíciles. 
  • La verdadera libertad se construye cuando desarrollamos la capacidad de “movernos” al interior, de escoger el camino del aprendiz en el cual evolucionamos en la medida en que caminamos por los “portales del alma”, esas experiencias que nos permiten adquirir cualidades y cambiar las víctimas por héroes que ascienden en consciencia. Libertad implica ampliar nuestra visión del mundo donde quepan todos, víctimas y victimarios, para que tengamos la opción de elegir quién queremos ser desde la luz de la consciencia.
  • El amor es el comienzo, es el intermedio, es el final; medicina imperial que sana todas las heridas, que se puede aplicar sin medida y cuyas consecuencias sólo pueden ser multiplicarse. ¿La fuente? Al interior. Si no lo encontramos, si es escaso, si sentimos que se nos agota, la respuesta está en salir afuera y dar, ayudar, servir, ofrendarse como lo hace el reino vegetal a los demás en la naturaleza, y así descubriremos como la fuente empieza a producir a borbotones y alcanza para todas las personas, convirtiéndose en agua viva y mágica que sana todas las heridas por profundas o antiguas que parezcan. Al final tenemos la posibilidad de descubrir, que el manantial somos nosotros.

Te acompaño querid@ lect@r en tu camino, deseando de todo corazón que encuentres tanta belleza como yo he descubierto en el mío, y que recibas todo el amor que necesites para continuar en este viaje donde cada uno descubrimos el sagrado arte de reparar las heridas.

Marcela Salazar

Imagen de los reflejos en el agua de St. Nectan´s Glenn, lugar sagrado de los druidas

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