¿Karma?,¿Destino?,¿Mala suerte?

«Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino».

Carl Jung

En una época difícil de mi vida, soñaba con agua todo el tiempo. 

En uno de los sueños iba por una autopista elevada, y de repente esta desapareció y yo caí al agua en el carro, que se empezó a hundir; me sentí atrapada y en peligro, sin embargo estaba tranquila, hasta que en un momento el agua empezó a descender y yo logré salir. Luego me encontré a mi mejor amiga que me dijo “todo va a estar bien”. 

Eran tiempos complejos, de crisis profunda y cambios muy importantes en mi vida. El agua en mis sueños estaba relacionado con mis propias lágrimas, con mi duelo. Muchas veces me despertaba con la almohada empapada, lloraba dormida. Poco a poco los sueños fueron cambiando, me veía más libre, me sentía capaz de salir de las trampas, nadaba, me veía grande. Y así fue también en la vida real, cambié, crecí, descubrí cosas y el proceso continuó, dando sentido al dolor, a todo lo difícil.

Nuestra vida en ocasiones parece una barquita en la que vamos a merced del viento y de las olas o sentimos que otras personas la dirigen sin que lo queramos. A veces “hace agua”, se pierden las velas y los remos, el motor se inunda, quedamos a la deriva, pasamos por tormentas y podemos estrellarnos contra los acantilados teniendo que hacer un gran esfuerzo y nadar hacia la playa para salvar nuestra vida y volver a construir otra barca con los pedazos de la anterior.

En ocasiones aparece un gran iceberg que nos hace parar el motor, cambiar de rumbo o  si no lo vemos a tiempo, nos hace naufragar con gran estrépito.

Las crisis son pan de cada día desde que empezamos la vida, en tamaños y profundidades diferentes. En ocasiones ponen en riesgo nuestra integridad física o emocional, en otras simplemente nos van llevando por aprendizajes necesarios en esta escuela que llamamos existencia.

Podemos verlas como karma negativo, destino, mala suerte, y desde ese lugar quejarnos, renegar o buscar culpables afuera, lo que seguramente nos hará seguir en esa barquita empujados por fuerzas “inconscientes” que nos llevan a visitar mundos difíciles y peligrosos, o podemos quitarnos las vendas de los ojos, poner un poco de luz en lo que nos sucede y empezar a investigar las corrientes y los vientos que nos empujan en una dirección determinada en contra de nuestros deseos.

¿Qué es el karma?

Nos dice la sabiduría budista que la palabra karma en sánscrito significa “acción”  y se define como las consecuencias de las acciones o decisiones de un individuo que determinan su destino, siendo estas positivas o negativas. En otros términos, toda acción produce una reacción y esos resultados permanecen en el tiempo. Si nuestras acciones son positivas, recibiremos de vuelta resultados positivos; si nuestras acciones son negativas, producen daño a alguien, recibiremos una nueva oportunidad para que actuemos diferente, teniendo en cuenta desde la perspectiva oriental que existe la reencarnación y que estos resultados de nuestras acciones se acumulan de una vida a otra.

Mirando este concepto desde la evolución espiritual, karma negativo es una lección sin aprender, es una asignatura pendiente que la vida nos presenta una y otra vez hasta que logramos pasarla, y en la escuela de la vida nos podemos encontrar con maestros sabios que nos enseñan desde lo positivo o desde una acción como ponernos un examen difícil con la intención de forzarnos a aprender más.

Cuando la vida nos pone en un sistema familiar en particular no es al azar, no es fortuito. Es precisamente la escuela que necesitamos, con los maestros y las lecciones que nuestra alma requiere para evolucionar. Para saber más (2)

Podemos pensar que es buena o mala suerte, dependiendo de las condiciones de nuestra vida. Podemos quedarnos en el juicio, la queja y el reclamo si esos maestros son duros, o simplemente tomar lo mejor y hacer de ello la base para construir la vida que queremos, averiguando cuáles son las lecciones pendientes que la vida nos trae para poder avanzar en el camino.

Los antiguos navegantes se fiaban de las cartas impresas que detallaban las características de la navegación, mostraban los peligros y los puertos seguros donde abastecerse. Eso le permitió a nuestros antepasados explorar el mundo, encontrar nuevas rutas de comercio y conectar el mundo conocido con el desconocido. Hoy en día toda esa información está en forma digital, en aparatos y programas que hacen más segura la navegación y permiten minimizar el riesgo que implica “hacerse a la mar”.

En nuestro cerebro, en nuestro cuerpo existe algo similar, un GPS interno con información que nos ayuda a transitar por aguas emocionales turbulentas y nos puede llevar al mejor puerto cuando lo aprendemos a mirar, programar y seguimos sus indicaciones, para convertirnos en el capitán de nuestro barco y de nuestra alma. 

También existen “marineros expertos” que nos pueden aconsejar y muchas bibliotecas llenas de sabiduría donde aprendemos a enfrentarnos a cíclopes y lestrigones internos que nos pueden hacer naufragar.

Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve mi espalda,
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.

Invictus, William Ernest Henley (1)

A la luz de la consciencia, todos son retos, aprendizajes pendientes, escollos que necesitamos pasar para continuar en ese camino de evolución que ha marcado nuestra alma en esta existencia, a través de un plan que no conocemos pero que existe y al que nos van sutilmente llevando de la mano de “maestros” que pueden ser de muchos tipos y colores (rígidos, amables, estrictos, difíciles, pero siempre maestros).

¿Qué podemos hacer para no vivir a la deriva y creyendo que el destino es algo que no podemos controlar?

La respuesta nos viene también del pasado, de ese famoso aforismo que estaba escrito en el Templo de Apolo en Delfos: “Conócete a ti mismo”y que nos invita a sumergirnos en las aguas del inconsciente para descubrir lo que nos mueve, y también los tesoros escondidos entre el barro y la arena que se pueden convertir en el motor que nos impulsa por la vida. Esta mirada se enriquece cuando el GPS que nos guía es nuestra propia alma, y la música que la acompaña de fondo es la del amor y la compasión.

En el viaje de nuestra existencia tenemos un mapa oculto que puede darnos las pistas necesarias y ese mapa está en nuestra historia familiar. Así como en una prueba de ADN podemos rastrear enfermedades, conexiones con antepasados en diferentes países, genes visibles y ocultos, de la misma manera en nuestra historia familiar, conocida o desconocida, podemos encontrar las pistas que nos ayuden a comprender muchas de las circunstancias difíciles que la vida nos pone como retos.

Detrás del espejo de nuestras relaciones, especialmente de las que nos hacen sufrir, muchas veces podemos descubrir familiares que en ocasiones ni siquiera conocemos.

En una parte de nuestra existencia presente los que dirigen la barca son nuestros padres (cuyo mayor éxito es habernos traído a la vida), aunque en ocasiones se hayan perdido o también se puedan estrellar. Más adelante nosotros mismos necesitamos adquirir las destrezas para ponernos al timón y aprender de nuestras equivocaciones para convertirnos en marineros expertos, teniendo en cuenta, como dice el refrán, que “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”.

Detrás de la historia familiar existen “naufragios”, fracasos, pérdidas, destinos difíciles, muchos errores que pudieron haber creado un “karma familiar negativo”, un cúmulo de lecciones sin aprender que tal vez sean parte de nuestro presente. Sin embargo, también existen muchas lecciones aprendidas, buenas acciones y talentos descubiertos en medio de esa aventura llamada vida, a los que podemos acudir para afrontar nuestros propios desafíos.

La buena o mala suerte se construye a partir de nuestras decisiones, de ese concepto profundo que tengamos de nosotros mismos y que nos haga sentir merecedores de lo bueno o lo malo y tiene mucho que ver con nuestro inconsciente personal y familiar. 

La experiencia me ha demostrado que sumergirme a mirar lo que empuja la barca y lo que la detiene, abre la posibilidad para que yo pueda tomar el control y elegir a dónde me quiero dirigir, afrontando con los ojos abiertos las condiciones del camino y logrando los aprendizajes que me permitan avanzar cada vez a territorios más retadores. 

La respuesta a las preguntas iniciales siempre está en la consciencia. Es la que pone al capitán al mando del barco y le permite abrir el cofre del tesoro de los talentos transgeneracionales, dando un sentido a nuestra vida.

¡Buen viento y buena mar!

Marcela Salazar

(1) Poema Invictus https://elfaroazulblog.wordpress.com/2020/08/01/invictus/

(2) Conferencia ¿Existe el karma familiar? https://youtu.be/mpSK3NvWYfE

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s