INCLUIR LO DIFICIL PARA COMPLETAR LA VIDA

En memoria de los que han tenido destinos difíciles,

y hoy tienen un lugar especial en mi corazón

Son muchas las historias difíciles que escuchamos por estos días, de dolor, sufrimiento o muerte, algunas cercanas y otras mas lejanas en tiempo y espacio, pero que pueden generar un sentimiento de impotencia, de profunda tristeza, de dolor en el corazón. 

Podemos evitar mirar, escuchar, hablar de ello, pero todos sabemos que el dolor de nuestra humanidad está ahí, creciendo, sin resolverse en la mayoría de los casos y aumentando a pasos agigantados en muchos de ellos. Las heridas que tenemos como humanidad no terminarán de sanar si no nos ocupamos de ellas, primero al interior, luego al alcance de nuestra familia y así en una cadena progresiva que puede llegar a transformarnos como humanidad si tenemos ese pequeño acto de valentía que significa mirar a lo dificil para sanar y reconectarnos por dentro.

Como mujer, como parte de una familia, como terapeuta, me siento a veces atravesando un campo inundado, con el barro llegando hasta las rodillas, caminando con dificultad, soportando el olor que producen las aguas estancadas y sin comprender a veces qué tengo que hacer para que el agua salga y la tierra se recupere, comprendiendo que los campos de tierra son similares a los campos emocionales: de repente se inundan con emociones que no sabemos manejar y que pueden producir daños en muchos aspectos de la vida, pero que también pueden verse como oportunidades para sanar, todo depende desde dónde y cómo lo miremos.

¿Qué puedo hacer? Así como sucede con eventos que afectan la tierra física, tal vez pueda llevar ayuda allí donde se requiere, crear puentes para que las personas puedan caminar mientras el “agua baja “ y trabajar la esperanza en el proceso desde el punto de vista del alma, que hará que la tormenta pase y la tierra del corazón se nutra de los detritos producidos generando un campo nuevo más fertil y más sano.

La tormenta emocional en mi caso es producida por las historias de mujeres víctimas de violencia, las muertes en solitario por la pandemia, el dolor que produce un destino difícil de alguien conocido que perdió la batalla, y ese eco que generan en mi sistema familiar las historias de víctimas y perpetradores. Por alguna razón, tengo la capacidad de mirar a ambas orillas de los conflictos, y el corazón me impulsa a sanar mis propios juicios para que en el movimiento de un lado al otro, no me quede paralizada por mis emociones o pensamientos, generando esas aguas estancadas que no dejan fluir la vida y la felicidad.

La vida me ha ido mostrando la importancia de sanar a todas las víctimas que hay en mí, representadas en todo ese conjunto de mujeres y de hombres que han sufrido el abandono, el rechazo, la violencia, la injusticia, la humillación, la traición o la falta de amor por parte de alguien, convirtiéndose a su vez en agresores de alguien más en una cadena que parece no tener fin, hasta que alguien empieza a tomar consciencia y elegir un camino diferente.

Hoy el detonante del dolor es el caso de una mujer brutalmente golpeada, salvada de milagro, que saca a la luz las heridas de una familia, de una sociedad, de una cultura donde la violencia se ha convertido en el peor flagelo generación tras generación. En el otro lado, un hombre que fue maltratado de niño, y se acostumbró a manejar sus fustraciones y su ira con alcohol y golpes a alguien más débil, y que se hundió en un mar de culpas al recobrar la consciencia para darse cuenta del resultado de sus actos.

Pareciera que como humanidad estamos enredados en una telaraña de emociones perversas, dañinas, de temas ocultos, que nos mantienen en un pantano emocional donde no es fácil encontrar la salida, especialmente cuando nos construimos un refugio emocional donde aparentemente todo está bien, donde nos evadimos de la realidad .

La vida como el ser humano están compuestos de ciclos, de luces y sombras, de alegrías y tristezas, de multitud de asuntos sin resolver escondidos bajo las capas de nuestra consciencia, y tal vez la meta más importante que podemos tener en nuestra vida es llevar luz a todos esos rincones que hemos creado en la mente cerrados por los muros del miedo, y que se convierten en peso muerto que una y otra vez nos impide la felicidad.

Hemos aprendido a silenciar el dolor, alejarnos de lo que no nos agrada, huir de lo difícil de la vida, y para ello encontramos toda clase de vías de escape, distracciones y métodos de evasión que nos anestesian o nos “intoxican” momentáneamente para olvidarnos de las dificultades de la vida. Sin embargo, el dolor regresa, en muchos casos aumentado, porque tanto el dolor físico como el emocional son alarmas que nos dicen que algo no va bien, que algo tenemos que cambiar.

Los seres humanos cada día desarrollamos nuevos y creativos métodos para evadirnos, algunos más dañinos que otros, pero siempre limitantes, pues a la larga nos alejan de nuestro verdadero ser, desconectan partes de nosotros, entre ellas las que nos unen a la vida y a la consciencia mediante la cual evolucionamos espiritualmente.

En mi experiencia, la única manera saludable para habitar esa “casa” que somos y cuya plantilla de relaciones está expresada en el sistema familiar y en otros sistemas que podamos construir a lo largo de la vida, es asumir el compromiso interior de explorarnos, descubrir esos rincones que ocultan lo difícil e ir iluminando poco a poco nuestro interior para que la vida pueda circular felizmente sin restricciones. Entrar en silencio a la casa y recorrerla, abrir puertas y ventanas, limpiar el desorden, reparar las goteras por donde se filtra el agua, sacar las cosas ocultas y poco a poco llevar luz, es el ejemplo perfecto de lo que significa ese trabajo interior representado por la famosa frase “Conócete a ti mismo”. 

La mente nos traerá distracciones, nos pondrá trampas, entraremos en laberintos aparentemente sin salida, hasta que la perseverancia nos lleve a continuar paso a paso en un camino lleno de aprendizajes sin tiempo ni espacio reales, cuyo resultado puede ser sorprendente, e incluir los tesoros de la valentía, la compasión, la paciencia, la verdad, la justicia y el amor profundo e incondicional, entre muchas cosas que obtenemos a lo largo del camino y que sin duda nos transforman, completando el Ser que verdaderamente somos.

Hoy conscientemente elijo incluir lo difícil, las historias dolorosas, los secretos, lo que averguenza, lo que no me gusta, para poco a poco reconocerme como un ser en construcción resultado del amor de muchos otros seres en construcción. Un sentimiento de serenidad se instala en el lugar de la tristeza, y empieza a surgir un puente que me permite estar al servicio, llenando el corazón de felicidad.

Marcela Salazar González

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s