SER MAMÁ

A todas las mamás que conozco, honrando su valentía.

Hoy y siempre.

 

Hay MAMÁS, así con mayúsculas, mujeres sorprendentes que son tantas cosas que es imposible definirlas con un solo nombre o cualidad.

Hay mamás especiales, aquellas que la vida pone en circunstancias extraordinarias para que saquen a relucir todas sus cualidades e inspiren a muchas otras personas con su ejemplo.

Existen también las mamás “jardineras” aquellas que cuidan, acompañan a crecer y llenan de amor a hijos que otras mamás no pueden cuidar, expresando una forma de amor que va más allá de la conexión biológica y expresa la unión de corazón a corazón.

Recuerdo especialmente a las madres que han dado la vida por sus hijos, y aquellas que sólo pudieron cumplir la parte de “dar a luz”, pasando la vida para que otras ayuden a cuidarla y se fortalezca el espíritu.

Hay madres cuidadoras y madres desapegadas, consentidoras y estrictas, alegres y serias, presentes y ausentes, en resumen, hay madres humanas, profundamente humanas a las cuales debemos el hecho de poder respirar y tener una vida para hacer de nosotros las mejores personas que podamos ser.

Hay mujeres que son mamás de muchos, aunque no sean mamás de hijos propios, porque cuidan, protegen, ayudan y expresan el amor materno en formas tan diferentes que son verdaderas artistas de la maternidad.

Hay mujeres que nacimos para ser mamás y otras que lo han aprendido porque la vida les sorprendió con el milagro de un hijo, y para todas hay lecciones diarias que quedan escritas a fuego en el corazón.

Hay valientes mujeres a las cuales la vida les ha traído la dura lección de perder un hijo, y sin embargo han encontrado las fuerzas y la sabiduría para continuar el camino comprendiendo que los hijos son un regalo prestado, que necesitamos disfrutar minuto a minuto hasta que sea el momento para alguno de los dos de decir hasta pronto.

La vida siempre encuentra la forma de abrirse paso a través de una mamá, y aunque las circunstancias puedan variar, siempre hay algo en común: una chispa del amor que cada uno de nosotros recibe y que es solo una semilla, dependiendo de cada uno lo que haga crecer con ella y cuáles “alimentos” escoge para nutrirse y convertirse en árbol que pueda a su vez producir nuevos frutos. En la cadena de la vida podemos elegir ser creadores, cuidadores, protectores y, sobre todo, responsables de nuestra propia vida.

Hoy escribo estas palabras profundamente agradecida con mi mamá por la vida que me dio, las circunstancias en que me permitió crecer y la familia que construyó a punta de amor, sudor y lágrimas para hacer de todos sus hijos personas de buen corazón.

Agradezco también al hombre que me ayudó a ser mamá, por el regalo mas grande que una mujer puede recibir (doble además…) y a la vida por todas las maravillosas mamás que conozco y que han sido mi ejemplo.

De regalo dejo por aquí una bella canción para celebrar la vida,  escrita por Violeta Parra y que hizo popular Mercedes Sosa, en las voces de artistas talentosos que se unen para una causa solidaria.

¡GRACIAS A LA VIDA!  

Madrid, Mayo 10 de 2020

 

Marcela Salazar González

 

 

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