LA FABRICA DE MOMENTOS

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El Nuevo Año comienza y es inevitable recapitular para darnos cuenta de lo que vivimos en el año pasado, los momentos felices que tuvimos, lo que logramos, lo que hicimos bien y mal, y lo más importante, reflexionar acerca de cómo cambiar aquello que no nos gustó.

¡Delante nuestro tenemos todo un Año lleno de días sin estrenar, con todas las posibilidades abiertas para nosotros!

En la celebración de fin de Año con mi familia me di cuenta que los seres humanos somos una “Fábrica de momentos”, algo así como una gran cocina donde vamos creando nuestra vida con pequeños pasos; a veces nos salen muy bien y otras no quedamos contentos con el resultado, pero siempre estamos en la búsqueda del momento perfecto, el más feliz o el que más satisfacción nos dé.

Hoy me pregunto, ¿qué necesitamos para ser felices en este Nuevo Año que comienza?

¿Qué ingredientes podemos usar para alimentar la “fábrica”?

¿Cuál es el ambiente más favorable para producir buenos momentos?

¿Es el tiempo o el lugar un factor clave para los resultados?

¿Qué procesos son indispensables para asegurar que el producto sea bueno?

Si no existen reglas para asegurarnos que siempre podamos tener buenos momentos, ¿Qué podemos hacer para mejorarlos y disfrutar de la vida?

Reflexionando sobre experiencias de vida y recordando muchos momentos maravillosos pasados en familia alrededor del hogar, he llegado a ciertas conclusiones que quiero compartir, deseando que sirvan de inspiración para aquellos que están por estos días revisando los “productos de sus fábricas”.

La fábrica humana de momentos y su actividad:

Todo comienza a construirse desde que estamos en el vientre de nuestra madre y se van creando los departamentos encargados de las emociones, los pensamientos, la energía, la estructura física y la comunicación con el entorno, lo que nos ayuda a darnos cuenta si nuestro producto es bueno o necesita mejorar para hacernos más felices. No dejamos de fabricar momentos hasta que se acaba la vida, y sólo en cierta edad somos conscientes de nuestra responsabilidad en el funcionamiento y producción de la fábrica.

A lo largo de nuestra vida fabricamos millones de momentos de todo tipo, aunque muchos de ellos los vayamos olvidando y sólo algunos adquieran una particular importancia en nuestra memoria. La buena noticia es que a medida que aprendemos a conocernos y hacemos conscientes las emociones que van ligadas a los eventos, somos más capaces de elegir qué momentos guardamos, y cuáles descartamos de nuestra mente porque dejaron de ser útiles o agradables de recordar.

Hay momentos perfectos que se van cocinando con el tiempo, a los que vamos añadiendo ingredientes muy lentamente hasta que de pronto salen a la luz, como cuando vemos crecer un proyecto. Eso significa que nunca debemos dejar de lado nuestros sueños, y que la voluntad y la constancia pueden producir resultados a largo plazo.

También existen los momentos improvisados, como esos que surgen cualquier tarde de otoño caminando en medio de las hojas caídas y a los cuales el viento frío repentino convierte en perfectos, enseñándonos que siempre deberíamos estar dispuestos a “cooperar con lo inevitable”.

A veces podemos poner nuestro mejor esfuerzo en trabajar por un “momento” que creemos será perfecto, y de repente nos puede suceder como a los pasteles “que se queman en la puerta del horno”, produciéndonos una enorme frustración. En este caso siempre nos queda el aprendizaje.

Otras veces lo que nosotros consideramos un buen momento, para otra persona puede ser un mal recuerdo, porque otra norma que rige los momentos es que cada persona tiene su propia visión, además de su propia fábrica. Los momentos son como el buen café: pueden tener un gran aroma, una buena temperatura y un gran sabor, pero no a todo el mundo le agradan de la misma manera, algunos los prefieren más suaves y otros más fuertes. La ciencia ha comprobado que todos vivimos realidades diferentes, y lo que siempre podemos hacer es aportar la mejor versión de nosotros en el intercambio con el otro.

Mi mamá me enseñó una norma culinaria que se aplica a casi todos los momentos: son como las claras de huevo cuando las estás batiendo, se dan cuenta cuando estás enojado, y no suben a su mejor nivel. Otras emociones, como el miedo o la tristeza, tampoco son útiles, y cuando podemos encontrar de dónde vienen, la fábrica se beneficia.

Hay momentos que solo con el tiempo y la historia de la vida te das cuenta que fueron extraordinarios, por eso es importante disfrutar al máximo de todo lo que salga de la fábrica, sin preocuparte tanto de tus expectativas sobre cómo “debería ser”.

Para fabricar buenos momentos necesitamos un deseo, una receta que nos guíe, los mejores ingredientes, una serie de actividades que los mezclen, y lo más importante, personas con las cuales compartirlos y que por supuesto son también fabricantes.

Hay recetas que requieren una preparación previa, un trabajo en solitario para saber qué ingredientes hay en la fábrica, cómo funciona cada departamento, dónde se necesitan ajustes y qué tienes que conseguir para lograr un buen producto.

El ambiente y las condiciones pueden cambiar de un momento a otro, y elementos como el calor o el frío afectan la forma en que los ingredientes interactúan entre sí; por eso es imprescindible la conciencia de lo que sucede, la atención en cada uno de los elementos y el desarrollo de la sensibilidad que te permite percibir los cambios sutiles para hacer los ajustes necesarios a tiempo.

 

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Los mejores Ingredientes para preparar un gran momento:

  1. El Amor:

Es el elemento más importante, imprescindible y mágico, tanto que hasta puede arreglar el peor momento. Es el único que debe añadirse sin medida, y si las cosas fallan, añade más.

  1. La Paz:

Un buen truco para que el momento sea bueno es que tengas buenas relaciones con tus “vecinos de fábrica”, especialmente con aquellos más cercanos a ti, pues su “ruido”puede hacer que te distraigas y amargues el “momento”. La compasión, la generosidad y la solidaridad pueden ayudarte a mantener buenas relaciones, generando buen clima para todas tus recetas.

  1. La Atención:

Todo buen cocinero sabe que si descuida la cocina aunque sea por un instante, el resultado se puede arruinar, te puedes equivocar o el producto queda insípido, por eso es indispensable que todos tus sentidos y tu atención estén puestos en “la mezcla” con toda la conciencia de lo que haces.

  1. Las mejores intenciones:

Es un ingrediente básico de todas las recetas, pues en los estatutos originales de la fábrica dice que se construyó para Compartir. Por ello se deben añadir las “mejores intenciones” de manera generosa, deseando que el producto final alegre a las personas que lo reciban.

  1. La Sabiduría:

A veces necesitamos tener experiencias con “Maestros fabricantes” de buenos momentos que nos muestren cómo solucionar esos pequeños problemas que hacen que “el producto” se arruine, y también es útil leer a expertos que hayan tenido la “fábrica” abierta muchos años, para aprender de sus experiencias y trucos de fabricación.

  1. La honestidad:

A veces un ingrediente puede parecer perfecto por fuera, de color brillante, nuevo, pero cuando lo añades a la mezcla te das cuenta que su sabor es artificial o está lleno de elementos tóxicos que usan para maquillarlo y hacerte creer que está bien. Mi consejo es que prefieras los ingredientes naturales, que aunque por fuera no se vean tan perfectos, luego al añadirlos a la mezcla y en compañía de otros buenos ingredientes, te darán un gran resultado. Eso sí, es importante tener en cuenta al departamento de decoración, para que añada belleza y bondad a la manera de organizar las cosas, pues un buen momento siempre lo agradece.

  1. La paciencia:

Hay recetas que requieren la paciencia del artesano, porque los ingredientes necesitan tiempo para “crecer” y “estar preparados” para que la mezcla sea armónica. Otras veces se necesita una cocción lenta para que los sabores se realcen entre sí, y también en la decoración de los platos para que el producto final sea más agradable.

  1. La adaptabilidad:

Muchas “fábricas” se trastornan porque no logran adaptarse a los cambios en el medio ambiente alrededor, o porque empiezan a producir solo momentos desagradables. Es importante saber que aunque los momentos no siempre salgan buenos, siempre existe la posibilidad de cambiar cosas para que se produzca un resultado diferente, si revisamos todo el proceso y cuidamos la calidad de los ingredientes.

También puede suceder que un momento que no parece muy bueno vaya mejorando con el tiempo como los  vinos de calidad, y siempre tenemos la posibilidad de usar los malos momentos como oportunidades para continuar aprendiendo.

  1. Las risas y las sorpresas:

Los mejores ingredientes, las actividades adecuadas, y el ambiente perfecto siempre pueden mejorarse con la risa y una que otra sorpresa que aparezca de repente poniendo un toque extra de alegría a cualquier momento. A veces este sólo ingrediente puede cambiar totalmente un resultado, así que mantenerlo siempre a mano es imprescindible.

  1. El ingrediente secreto:

Es el que ponemos cada uno de nosotros en todo lo que hacemos y que nos hace únicos e irrepetibles. ¡Es el ingrediente mágico que hará que siempre disfrutes de buenos momentos! Añade siempre tu “toque particular” aunque uses recetas de otros, y para ello pasa los ingredientes lentamente por tu propio corazón para homogeneizar la mezcla.

Procedimientos necesarios:

Usa ingredientes de calidad, algunos pueden haber estado guardados mucho tiempo en tu fábrica y ser buenos, pero otros necesitan renovarse continuamente; revisa la “fecha de caducidad” con frecuencia y “prueba el sabor”, para saber si debes o no añadirlos a la mezcla, (especialmente para las emociones y los pensamientos). Si a ti te producen incomodidad o dolor, ¿por qué crees que a otros les van a gustar?

El “trabajo interior” te permite ser consciente de lo que tienes para aportar a la mezcla y seguro que las otras personas lo agradecerán.

Los mejores y más duraderos momentos se fabrican en familia, por eso debemos asegurarnos de cuidar especialmente a los niños en esas épocas en las cuales los momentos se quedan grabados en lo más profundo de su cerebro, determinando la construcción de la “fábrica de momentos”.

 

AmorAsegúrate de mezclar amorosamente todos los ingredientes, remueve las expectativas de todas las recetas y prepárate para disfrutar del resultado.

Acepta que tus recetas no tienen que gustar a todos, escucha e intercambia opiniones con las personas cercanas, y disfruta cuando otros preparen momentos para ti con elementos desconocidos. Siempre es bueno explorar otras fábricas, aprender sobre ingredientes diferentes, y formas nuevas de mezclar que enriquecerán tu vida aportando trucos que se pueden usar en el momento más inesperado.

Usa el ingrediente secreto tanto como puedas, en todos los momentos y verás que el Año que viene tendrás muchos buenos momentos para recordar.

 

Marcela Salazar

Enero 1 de 2020

Nota de la autora: Los gatos no son indispensables si no te agradan, pero seguro pondrán un toque de alegría y de sorpresa a cualquier Momento que quieras fabricar, ¡los aconsejo siempre!

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