¿QUÉ ES MEDITAR? La visión de una Aprendiz

 

peces en azul

“Con paciencia se pueden domesticar incluso animales salvajes, como tigres y leones. Si es así, nosotros los seres humanos, que tenemos un cerebro tan bueno y tanto potencial, podemos domesticar cualquier cosa. Si probamos estas prácticas con paciencia, podemos sentir y llegar a saber por nuestra propia experiencia que la mente se puede educar”.

DALAI LAMA

Una de las experiencias más bellas que he tenido en mi vida ha sido bucear.

Una vez superado el miedo a lanzarme a lo desconocido en una experiencia de buceo de un día, me encontré debajo del mar, disfrutando de su belleza, sintiendo algo indescriptible que solo puedo llamar “silencio”, “inmensidad”, “amor” y “paz”; fue tan conmovedor que hoy todavía estoy segura que el solo recuerdo llena mi torrente sanguíneo de montones de hormonas de la felicidad. Aprendí muchas lecciones ese día y creo que esa sensación que recorre mi cuerpo al recordarlo, es lo más cercano a lo que se siente muchas veces al meditar.

“¿¿¿Meditar???” Así, con exclamaciones y cara de extrañeza, es la respuesta que recibo muchas veces cuando lo sugiero como estrategia para manejar el estrés, mejorar la concentración al estudiar, solucionar problemas de sueño y, en general, mejorar la salud y las relaciones.

Muchas personas creen que meditar es solamente ponerse en posición de loto, cerrar los ojos y poner la mente en blanco por un tiempo indefinido, y lo vinculan únicamente con prácticas aburridas de religiones orientales y monjes budistas. En realidad, la Meditación es mucho más que eso y por eso quiero compartir mi experiencia de aprendiz al respecto, y tal vez así sembrar la inquietud por acercarse a una práctica milenaria que sólo trae bendiciones a la vida de quienes la practicamos.

Volviendo a la pregunta, ¿Qué es meditar? Esta es mi respuesta: bucear al interior de uno mismo. La forma en que se hace puede variar y de hecho va cambiando con el tiempo, la práctica y el conocimiento, y ese “gusto” que se va adquiriendo en la medida en que vamos reconociendo sus beneficios.

Cuando yo comencé a meditar por sugerencia de mis maestros, me encontré con muchas dificultades, entre ellas, que me costaba mucho trabajo quedarme quieta en silencio, me daba sueño, me cansaba, mi mente divagaba hasta miles de lugares saltando de un pensamiento a otro como una cabra montés. Fracaso tras fracaso, me hicieron abandonar por un tiempo los intentos de meditar, hasta que por diferentes circunstancias hice un descubrimiento que lo cambió todo.

tejido

Aprendí a coser, bordar y tejer desde niña, y en muchos momentos de mi vida esta actividad ha sido el mejor “curalotodo” que hayan podido inventar. Después de leer muchos artículos sobre cómo meditar, y lo que se experimenta al hacerlo, un buen día descubrí que lo que sentía cuando estaba concentrada tejiendo era similar a la explicación de los expertos en meditación: relajación, paz interior, conexión profunda con el interior.

Al parecer, si mis manos estaban ocupadas, mi mente se podía relajar más fácilmente y dejar de bombardearme con montones de ideas inútiles y estresantes. Más adelante encontré otras actividades que me producían la misma sensación, y empecé a usarlas conscientemente en aquellos momentos en que sentía que mi mente se desbordaba de estrés, y así fue como poco a poco, como quien doma un caballo salvaje, mi mente empezó a responder a la suave guía que la llevaba hacia la búsqueda interior a través de la meditación.

Como la “práctica hace al maestro” y las redes neuronales se construyen con base en la repetición, mis actividades manuales de diferentes tipos me ayudaron a crear los caminos para aprender a meditar, de manera que hoy en día soy capaz de sentarme con los ojos cerrados y las manos quietas, he aprendido a visualizar y a calmar mi mente salvaje, y continúo día a día en el camino que lleva hacia “adentro”, hacia ese lugar interior que he construido para mi misma donde puedo observarme sin juzgarme, donde me reconforto, me conozco y me retiro a descansar después de una jornada difícil; es “mi lugar”, único y feliz, donde tomo las fuerzas necesarias para salir al mundo y compartir lo aprendido.

No existe el método perfecto para aprender a meditar. No existen fórmulas que funcionen para todo el mundo. No hay “atajos” que nos ayuden a convertirnos en meditadores en un plazo de tiempo determinado.

Los caminos son infinitos, los métodos variados y la meta es única para cada persona como lo es la forma de caminar, porque al final, meditar es una práctica que sigue un sabio principio que, desde la antigüedad, quedó plasmado en piedra en el Oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”.

 

¿Para qué meditar? Beneficios de la meditación

Los efectos que produce la meditación a nivel físico han sido constatados en numerosos estudios, entre los cuales resalta la investigación realizada por la Dra. Sara Lazar, neurocientífica del Massachusetts General Hospital y del Harvard Medical School, quien ha demostrado cómo la práctica de la meditación puede transformar en solo 8 semanas multitud de áreas cerebrales vinculadas con el control de las emociones y la producción de neurotransmisores involucrados en las respuestas de relajación, la memoria, el aprendizaje, la empatía y la compasión.

También puede mejorar la capacidad de respuesta del sistema inmune como demuestra este estudio realizado con practicantes del Mindfulness (técnica de meditación), ayudar en el manejo del dolor, en la hipertensión, además de innumerables beneficios a nivel emocional y mental que nos ayudan a mejorar las relaciones con nuestro entorno.

En resumen, meditar, en cualquiera de sus formas, es bueno para la salud física, emocional y mental, y nos ayuda a ser más felices, como lo expresa el monje tibetano Mathieu Ricard, considerado el hombre más feliz del mundo.

Los millones de personas en el mundo que practican diferentes técnicas de meditación lo aseguran también, y como lo ha comprobado la novata que escribe estas líneas, cualquiera que sea la técnica, el tiempo o la forma que se dedique a “bucear dentro”, tendrá enormes beneficios que ayudarán a cambiar la vida de las personas y su entorno.

Un ejercicio para animarse a comenzar

  1. Siéntate o acuéstate en una posición cómoda
  2. Observa la forma en que estás respirando, si el aire se queda solamente en la zona del pecho o desciende hasta el abdomen. Toma conciencia de la forma en que respiras, para que con el tiempo, puedas modificarla.
  3. Trae a tu mente un momento feliz de tu vida, imagina a esa persona que amas, o recuerda un lugar que te llene de Paz. Trata de mantener esas imágenes en tu mente el mayor tiempo posible, y observa tu cuerpo, las sensaciones que lo recorren.
  4. Si te relajas, y te quedas dormido, ¡es perfecto! Como dice el Dalai Lama “el sueño es la mejor meditación”.

Todo camino comienza con un primer paso, y saber que en ese sendero encontraremos belleza, tranquilidad y muchos tesoros personales, es una buena motivación para empezar a caminar.

 

¡Buen camino!

 

Marcela Salazar G.

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