EL SANADOR HERIDO

corazón de druidatitle

Viviendo el mito de Quirón: una historia personal

 A Paco, Ángeles, Isabel, Elena, David y los compañeros de aventuras por las Tierras sagradas de Avalon,

 con toda mi gratitud

La vida continuamente nos pone oportunidades increíbles para crecer, y casi siempre las mejores experiencias llegan de manera inesperada

El día había comenzado con la emoción de llegar a un lugar que deseaba visitar hacía mucho tiempo, conocido por ser importante en el origen de la leyenda del rey Arturo y de Merlín: el Castillo de Tintagel en la costa de Cornualles (Inglaterra).

La belleza de la costa con su mar de varios colores, el espíritu mágico de la zona, las leyendas contadas en medio de las ruinas, y el viento proveniente del mar habían llenado de emoción el día. Después de comer en la cima de la montaña, nos dirigimos en bus al camino que nos llevaría al famoso bosque de Merlín a pocos minutos del castillo.

St. Nectan’s Glen es un lugar sagrado de la cultura celta, donde según la tradición los druidas recibían su iniciación, de manera que en señal de respeto, empezamos a recorrer el sendero en silencio, bordeando el río Trevillet en medio de un espectacular bosque lleno de árboles sabios, helechos y todo tipo de plantas en varios tonos de verde salpicado de vez en cuando por flores de colores brillantes.

El agua corría lentamente por entre las piedras y varias especies de pájaros acompañaban nuestro camino, mientras yo disfrutaba guardando imágenes, unas en la cámara y otras en la memoria.

La llegada a la cascada fue emocionante por la exuberancia del lugar y su significado, y a medida que caminaba por en medio del cauce para tomar fotografías, el agua helada en mis pies y su energía fueron reconfortándome después de una caminata de casi 40 minutos por el bosque.

La magia del sitio era indescriptible, los rostros de los compañeros de viaje y de los otros turistas que a esa hora lo visitaban también confirmaban la suerte que teníamos de vivir esa experiencia. En las orillas, entre las rocas, en las ramas de los árboles se podían observar ofrendas de todo tipo depositadas por peregrinos de todas las épocas, expresando agradecimiento o pidiendo deseos en el lugar sagrado.

Las palabras “Gracias Dios” aparecieron de repente, así como la imagen que acompaña éste texto.

Después de un rato que pareció demasiado corto, los compañeros de viaje empezaron a salir nuevamente hacia el bosque, retornando al punto de encuentro donde nos recogería el bus para volver a Glastonbury. Sin darme cuenta en qué momento, me quedé sola por el camino de retorno acompañada por una amiga, y en el afán de reunirnos con el grupo di un mal paso que me hizo torcer el tobillo. El sonido (tipo “crack”) de mi pie y el dolor inmediato me recordaron otras situaciones similares, y la experiencia me dijo que esta vez el esguince era peor que las anteriores. La inflamación fue casi inmediata en ambos lados del pie, y solo apoyarlo era ya bastante doloroso.

Sin otra ayuda posible ni cobertura en el teléfono móvil, la única opción era seguir caminando hacia el punto de encuentro, a varios kilómetros de distancia. De alguna manera logré hacer acopio de la fuerza ancestral que ha caracterizado a las mujeres de mi familia, en especial a mi madre, y así acompañada por mi amiga continuamos lentamente la marcha por el escarpado sendero.

Mi mente empezó a funcionar distinto, el bosque y sus sonidos quedaron como música de fondo, y una parte de mí empezó a susurrarme lo que debía hacer: “apoya con cuidado, todo el pie, derecha, despacio, trata de caminar equilibradamente, observa el dolor, puedes caminar a pesar de él”. Estas palabras y muchos otros conceptos relacionados con los estudios de Sintergética que iban apareciendo en mi mente, así como la observación atenta de mis emociones, pensamientos y sensaciones durante el camino, hicieron que lograra llegar al bus después de un lento recorrido de regreso de más de 45 minutos, y allí las sabias manos de un compañero de viaje que es profesor de acupuntura me ayudaron con el dolor mientras íbamos de regreso al hotel.

Empecé a darme cuenta de cómo la vida me estaba dando la oportunidad de sanar una situación que se había repetido muchas veces en mi vida desde que era adolescente ( la lesión del mismo tobillo) y que por mi formación profesional sabía que podía tener además de la causa física, un origen emocional inconsciente; entonces me puse en la tarea de encontrar la raíz profunda de mi dolor y la lección subyacente a la caída, a través de la AONC y la Terapia Sistémica.

 Además del dolor intenso, sentía un poco de miedo, preocupación por estar a mitad de un viaje  y tristeza de pensar que me iba a perder parte del paseo por la lesión, emociones que fueron disipándose poco a poco a medida que avanzábamos. El tratamiento certero de acupuntura y el apoyo de los compañeros de viaje, sin duda fueron un bálsamo catalizador que hizo más fácil todo el proceso.

Esta vez no hubo Rayos X, ni inmovilización, ni anti-inflamatorios convencionales, ni muletas para caminar. Solo una crema natural, homeopatía, un vendaje elástico, las agujas de acupuntura, las manos expertas de mis compañeros y mi propia conciencia.

Fueron una tarde y una noche intensas, y al día siguiente allí estaba yo apoyada en mis dos pies lista para la jornada, que de manera casi providencial incluía el lugar energético más importante del planeta: Stonehenge. Al llegar y después de maravillarme con uno de los sitios que más había querido conocer desde que era pequeña, recibí la sesión más impresionante de acupuntura que se pueda imaginar: tumbada en el suelo frente al círculo sagrado de una de las maravillas del mundo antiguo. No puedo describir todavía lo que sentí, solo puedo decir que quedé como “anestesiada” y a partir de ese momento comencé a caminar de forma diferente, sintiendo que mis huesos, tendones y emociones iban encontrando su lugar; de allí salimos a recorrer otros lugares importantes de la zona, donde caminé, subí y bajé colinas por cerca de 7 horas más, andando despacio y a mi propio ritmo, pero sin perderme el recorrido planeado por nuestros sabios guías.

Ese día llegamos al hotel tarde en la noche; mi tobillo seguía muy inflamado y con dolor en ciertas posiciones, aunque sorprendentemente no presentaba los colores típicos del trauma de otras veces, que usualmente iban del verde al morado. Después del trabajo obligado en el computador, de un baño caliente y una cena ligera, ya en la cama continué con los ejercicios de AONC, hasta caer en un sueño profundo del que me costó trabajo salir al día siguiente de lo cansada que estaba.

Para mi sorpresa la inflamación del tobillo había amanecido a la mitad de su tamaño y el dolor había disminuido notablemente, lo que me permitió continuar con las actividades programadas, y finalizar el viaje con la tranquilidad de saber que el proceso estaba cada día mas cerca de solucionarse y que los descubrimientos que había hecho dentro de mí me permitirían estar más segura y tranquila.

No quiero perder la oportunidad de resaltar que las otras veces que sufrí esguinces estuve incapacitada por más de 15 días, dependiendo de analgésicos y anti-inflamatorios, y caminando con muletas, y que esta vez el manejo fue totalmente hecho con medicinas y terapias Alternativas, aprovechando la oportunidad para aprender algo y para mirar dentro de mí cosas que necesitaba sanar.

Caminando por esos lugares sagrados de antiguas culturas recordé el mito de Quirón, el famoso centauro de la mitología griega que gracias  a su herida se convierte en estudioso de la medicina y de la psicología, y reconocí como mis propias heridas físicas y emocionales me habían llevado en la vida por caminos que no tenía planeados de antemano, y que han sido indispensables en mi propio crecimiento como persona y como terapeuta.

Ahora doy gracias al bosque que me “encantó”, a la piedra que me hizo tropezar, a los compañeros de viaje que apoyaron mi proceso, a todos los maestros que me transmitieron los conocimientos necesarios para sobrellevar el momento, y a la fuerza de mis ancestros que me permitieron salir adelante de ésta y de otras caídas.

También doy infinitas Gracias a mis benditos padres por todo lo que me enseñaron en la vida, entre otras cosas a ser fuerte, a levantarme, a no dejarme vencer por el dolor y a tener fe que aunque en un momento el panorama pueda estar oscuro, más adelante siempre hay luz.

El camino continúa y yo estoy sostenida por ambos pies…

Marcela Salazar González

Madrid, Mayo 24 de 2018

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2 comentarios sobre “EL SANADOR HERIDO

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