ABRAZANDO A LOS FANTASMAS DEL PASADO

 

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“Cuando eres padre, eres el fantasma del pasado de tus hijos”

Película Interstellar

 

Pasé los mejores momentos de mi infancia y muchos otros imprescindibles en la historia de mi vida en una vieja casona de más de 150 años, llena de anécdotas y leyendas que solía contar especialmente mi madre en las sobremesas de nuestras comidas familiares. Recuerdo especialmente aquellas que tenían como protagonistas a los fantasmas, algunos de los cuales ella misma aseguraba haber sentido y otros que pertenecían a historias prestadas de familiares o conocidos de la región.

Sentía una profunda atracción por esas historias, entremezcladas entre muchas otras que alimentaban mi imaginación de niña inquieta, y aunque no dejaba de sentir algo de miedo a veces al recorrer pasillos o habitaciones a oscuras, de alguna manera deseaba que se apareciera alguien o que me pasara algo raro, sólo para tener el placer de contarlo después. Desafortunadamente ése fenómeno sobrenatural que siempre esperé nunca llegó, y en cambio en el camino recorrido desde entonces he aprendido a ver otro tipo de fantasmas que nos asustan a plena luz del día y en el momento menos pensado. Esos fantasmas algunas veces los llevamos pegados a la piel y en ocasiones manejan nuestras neuronas, manifestándose en forma de creencias, costumbres o impulsos inconscientes heredados de nuestros antepasados, que solamente cuando somos capaces de mirarlos de frente dejan de asustarnos o manejar nuestra vida.

Siempre he pensado en lo curiosas que son las historias que cuentan las personas acerca de familiares que se aparecen después de haber fallecido para recordarnos cosas, dar mensajes, pedir que se realicen tareas inconclusas, o simplemente para dar fortaleza a los que nos quedamos todavía un poco más, y que a veces nos pueden llegar en medio de nuestros sueños. Algunos ejemplos de esto se pueden leer en muchos libros que tratan el tema de la muerte o de las experiencias relacionadas con ésta, (de los cuáles puedo resaltar la extraordinaria colección de Elisabeth Kübler Ross).

En mi caso he descubierto que sean reales o imaginarios, los fantasmas de nuestro pasado parecen querer enseñarnos algo que todavía no hemos aprendido o mostrarnos algo que todavía no hemos visto, y depende de nuestra valentía y sagacidad que puedan cumplir con su misión para que puedan continuar su viaje en Paz y nosotros podamos disfrutar nuestra vida haciendo el camino propio sin dejarnos influenciar por sus errores o sus aciertos.

La única manera de perder el miedo a todos los fantasmas y sombras de los antepasados que nos acechan en la oscuridad (y en los sueños) es volvernos de frente, mirarlos y decirles: aquí estoy, soy parte de ti como tú eres parte de mí, y reconozco que nada puedo cambiar en tu historia. Ahora te puedo ver y escuchar. Agradezco profundamente lo que has hecho por mí al pasarme la vida y todo lo que he recibido de ti y ahora haré lo mejor que pueda tomando mis propias decisiones.

 

Y de repente, el fantasma desaparece…y sólo queda la calidez de un abrazo, el tenue calor en la mejilla de un beso de despedida o algunas palabras de sabiduría que nos acompañen siempre.

Porque al final, todos los padres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos, y “ el amor es lo único que somos capaces de percibir que trasciende las dimensiones del tiempo y del espacio; a lo mejor deberíamos creer en eso aunque no alcancemos a entenderlo aún” (Interstellar).

 

Marcela Salazar

 

 

 

 

 

 

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