LA AVENTURA DE CONOCERSE A SÍ MISMO

iceberg
“Conocerse es volver visible lo invisible”

“Un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla”

Marco Tulio Cicerón

 

Y una persona que no conoce su historia familiar está condenada a repetirla en su propia vida, caminando a ciegas bajo la sombra de su inconsciente personal y familiar.

 ¿En dónde comienza nuestra historia personal? Para algunos en el nacimiento, para otros, desde el comienzo de los tiempos, porque consideran que el alma es eterna y sólo vamos cambiando el cuerpo de tiempo en tiempo.

Aquí el tema no es si creemos o no en la reencarnación, porque quiero referirme a la Historia que comenzó con nuestro nacimiento, sus circunstancias, la familia que tenemos, la vida que hemos vivido con nuestros padres y lo que hemos heredado en nuestros genes y memes de nuestros antepasados, a los que probablemente no conocimos pero cuyas historias de vida llevamos escondidas en nuestras propias células.

Muchas veces la motivación principal para empezar el proceso de conocer a los antepasados comienza por una enfermedad, una circunstancia difícil de vida, o un descubrimiento que nos hace preguntarnos: ¿De dónde vengo? ¿Quién de mi familia vivió algo parecido? ¿Pasaré ésta enfermedad o dificultad a mis hijos? Son preguntas que nos hemos hecho y que nos llevan a buscar información en Archivos históricos (públicos o familiares), en pruebas genéticas, o en métodos menos ortodoxos pero efectivos como las Constelaciones Familiares o la Biodecodificación, que nos aportan información o una visión que nos permite conocernos un poco más y hacer elecciones de vida más conscientes.

La información que llevamos de nuestros antepasados no sólo tiene la capacidad de definir nuestras características físicas o nuestra salud, sino que forma parte del acervo emocional y mental muchas veces inconsciente que dirige nuestras vidas, como hilos invisibles que nos impiden ser felices, exitosos, o cumplir con nuestros sueños.

Sumada a ésa información, están guardadas en lo más profundo de nuestro cerebro las memorias relacionadas con nuestra concepción, embarazo, nacimiento y primeros años de vida, en forma de sensaciones y emociones a las que nos cuesta trabajo acceder y procesar, porque no se encuentran “grabadas” en forma de lenguaje.

Para poder acceder a ellas, mirarlas, transformarlas de manera que No nos afecten negativamente en nuestra vida actual, tenemos que procesarlas y convertirlas en imágenes o palabras que nuestro cerebro racional pueda comprender. Haciendo un paralelo con el funcionamiento de un computador, es como si nuestro cerebro estuviera manejado por un lenguaje de programación antiguo, que tiene un virus que afecta su funcionamiento, y tenemos que acudir a un experto en programación para que con sus conocimientos y experiencia nos ayude a desactivar lo que está mal, actualizar los programas y volver más efectivo su funcionamiento, traduciendo la información a un lenguaje que podamos entender y activando el sistema de manera que podamos acceder a cualquier parte y aprovechar toda la capacidad que tenemos para usarlo en los objetivos que tengamos en nuestra vida.

Afortunadamente para nosotros, existen en el mundo métodos creativos e innovadores que nos ayudan a realizar éste proceso y así poder transformar las memorias escondidas en aprendizajes para lograr lo que queremos, como son la Sintergética, la AONC y las Constelaciones Familiares, por dar ejemplos.

Esas memorias antiguas están relacionadas muchas veces con circunstancias dolorosas, difíciles, traumáticas. Con el miedo que pudo sentir nuestra madre de traernos al mundo dependiendo de su vida en el momento en que nos llevaba en el vientre, con su tristeza si había sufrido una pérdida importante, con su rabia o su sensación de abandono relacionadas con lo que había vivido con nuestro propio padre. Esas memorias eran suyas, pero se hicieron nuestras al compartir nueve meses de íntima, cercana y profunda relación, la más entrañable que podemos desarrollar, (con excepción de la que une a una persona con su gemelo) y que marca definitivamente nuestra vida hasta que hacemos conscientes sus características y nos quedamos sólo con lo bueno, con la vida que nos dio y el amor que fue semilla para que hoy estemos aquí.

La gestación produce memorias, el embarazo produce otras, nuestro propio nacimiento añade características importantes a nuestro desarrollo emocional, y de ahí en adelante cada suceso importante en nuestra vida va construyendo la historia personal (dejando huellas en partes de nuestro cerebro reptil, mamífero y humano) y cada etapa y cada persona importante en nuestro mundo añade sucesos que nos marcan de forma positiva o negativa, y condicionan nuestras decisiones y nuestro propio camino.

¿Qué papel tienen nuestros ancestros en nuestra historia? Lo que nos muestran las Constelaciones Familiares es que las historias que ellos vivieron, lo que no pudieron solucionar, las injusticias o errores sin resolver, pasan a las siguientes generaciones como una forma que tienen los Sistemas Familiares de buscar justicia y reparación, y nuestro amor inconsciente e incondicional nos hace repetir fielmente las circunstancias dolorosas o difíciles hasta que alguien las vuelve conscientes y aprende la lección que traen consigo.

Y esas lecciones, esa búsqueda de justicia o de Paz, no sólo nos afecta personalmente, sino también a los que tenemos a nuestro alrededor, a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestro círculo cercano, a nuestro país. Cada lección aprendida se transmite a un campo más amplio que nuestro espacio personal, y cada persona que sana así sea sólo un poco del dolor que trae, es alguien que tiene algo diferente que aportar a la humanidad entera desde su propia vida y destino.

Mirar el miedo, la rabia, la tristeza o el sufrimiento propios o de alguien de nuestra familia es difícil, nadie lo niega. Si no fuera difícil, nuestra mente no se hubiera inventado mecanismos de defensa como la negación, la proyección, la racionalización o tantos otros descritos ampliamente por el Psicoanálisis. No queremos sufrir, no lo quiere nuestro ego y nuestro cerebro tampoco, y para ello, guarda todo lo que nos produce incomodidad, dolor, malestar en lo más profundo, pero como sucede con la basura que se guarda debajo del tapete, tarde o temprano comienza a molestar, a oler feo generando una reacción peor; algo tenemos que hacer con eso si queremos estar bien y queremos un destino diferente para los que vengan después de nosotros.

Para emprender el increíble viaje del Autoconocimiento se requiere al menos un poco de valentía, una gran dosis de paciencia y creatividad, y la fe necesaria para llegar a comprender que muchas personas antes que nosotros han logrado resultados que hacen su vida más fácil y feliz cuando han sido capaces de mirarse por dentro y desechar lo que ya no necesitan.

“Conócete a ti mismo”, la frase que estaba escrita en el templo de Apolo en Delphos, es también una invitación a recorrer el intrincado camino de las partes de nuestra personalidad que están en la sombra, lo que evitamos y guardamos, lo que produce nuestros síntomas, las carencias, lo reprimido pero no olvidado, porque surge repentinamente alterando la vida hasta que somos lo suficientemente valientes para mirarlo de frente.

Hoy en día existen muchos caminos por los cuales emprender ésta aventura, de acuerdo a la personalidad, el carácter o el diseño mental. Algunos pueden tomar un camino más espiritual si eso es útil e importante para ellos, otros pueden ser más pragmáticos y buscar una vía más científica, y también estamos las personas de mente abierta a métodos no tradicionales que nos muestran resultados visibles y nos ayudan a solucionar algunos de los interrogantes sobre nuestra propia historia y la de los miembros de nuestra familia.

En resumen, lo importante es recordar que entre más volvamos consciente lo inconsciente, menos éste va a dirigir nuestra vida y que si aprendemos las lecciones de cada nivel de conciencia, podremos como personas y como humanidad avanzar en la construcción de un mundo mejor para todos nosotros y para las generaciones futuras.

 

Marcela Salazar

Terapeuta Integrativa

 

 

 

 

 

 

 

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